El derecho a discrepar

.
22 Octubre 2019
El derecho a discrepar

Nuestro país vive días aciagos donde la polarización y la reyerta son la ocupación habitual de quienes moramos la patria. Un caudal de críticas, opiniones encontradas e insultos fanatizados a través de redes sociales, medios de comunicación tradicionales e incluso de boca en boca, han alcanzado  tanto al gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador, como a todo aquel que no esté en exacta sintonía con la comunicación oficial sobre un tema sumamente delicado.

Los lamentables sucesos de hace unos días en Culiacán, Sinaloa, derivados del fallido operativo de seguridad que resultó en la aprehensión temporal de Ovidio Guzmán, seguidos de la decisión táctica de liberarlo para detener la oleada de violencia y terror, propiciaron un nuevo escenario en el que con acritud desmedida se expresa apoyo o rechazo al ejercicio gubernamental. Escenario nuevo mas no novedoso; ya es este un nuevo episodio donde “chairos y fifís”, “conservadores y transformadores”, “adversarios y el pueblo bueno” toman esquinas distintas de un ring donde la pelea se avecina sin reglas ni honor.

Episodio de lo más lamentable en la escena nacional que, para ahondarse acentuadamente,  se acompaña de un atroz posicionamiento por parte del Comité Ejecutivo Nacional del partido del Presidente, MORENA personificado en su dirigente.

Yeidckol Polevnsky, quien no esconde sus simpatías por gobiernos de corte autoritario como el venezolano, chino o cubano, amenazó abiertamente a quienes calificó como una jauría de críticos: “no tienen derecho a opinar, no pueden criticar (…) y nosotros no se los vamos a permitir”. En una reflexión objetiva y lejana al fanatismo político, considero que es momento de decirle que peligrosamente se equivoca.

Somos millones de mexicanos que no hemos dejado de existir dentro de un régimen democrático. Disentir es uno de los baluartes de la democracia moderna que precisamente evita la división y propicia los consensos de manera ordenada y civilizada. Así, las instituciones, sociedad civil y gobierno tienen la ineludible responsabilidad de encauzar las discusiones nacionales hacia la concordia. Ahí donde existe entramado institucional y marco legal en un estado de derecho, inexcusablemente es donde más se precisa de la pluralidad y la opinión diversa que construyan país.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos afirma que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y expresión, lo que incluye el buscar, recibir y difundir ideas e información. Este derecho no se puede restringir.

El artículo 6° de nuestra Constitución señala que la manifestación de las ideas no puede ser objeto de inquisición alguna. El artículo 7° asegura que la libertad de difundir opiniones, información e ideas, a través de cualquier medio es inviolable.

Es un derecho que va incluso más allá que nuestro tejido legal e institucional. El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos lo consagra. Ningún individuo puede ser molestado a causa de sus opiniones.

La opinión negativa siempre es incómoda para cualquier gobierno, es entendible como condición humana, pero la reacción desmedida es reprobable desde cualquier ángulo. Hemos visto el embate sistemático y orgánico que desde la Presidencia de la República se tiene hacia los medios de comunicación críticos. Redes sociales como Twitter son testigo de la persecución a la que se somete a periodistas, opinadores, reporteros y personalidades diversas que critican.

Aunque jamás resultaría justificable, es entendible en un régimen social tan polarizado. Lo que es absolutamente inaceptable es que un actor político sin incidencia legal en las decisiones del poder público amenace a la libertad de opinión.

Este derecho es imprescindible en democracia. Esta forma de vida, de gobierno y de sistema político, legal, electoral e institucional se nutre del disenso y la construcción de alternativas en conjunto. Limitarla, prohibirla o condenarla es la característica más notoria de los regímenes totalitarios.

Apenas en junio de este año, cerca de 400 personas fueron detenidas en una manifestación en Moscú, que reclamaba por la liberación de un periodista que se atrevió a criticar al premier Vladimir Putin. Actualmente, se desconoce el paradero o destino de los manifestantes.

Según un informe publicado en marzo de este año por la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Cuba, país ampliamente reconocido como una dictadura (que, casualmente, este gobierno se ha negado a admitir), señala que existe una persecución permanente contra el pensamiento independiente, así como criminalización de la crítica y discriminación por motivos políticos.

Peor aún. Apenas en septiembre pasado, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos presentó un informe sobre el panorama en Venezuela y las conclusiones son devastadoras. La situación actual de la nación sudamericana es resultado del desmantelamiento de las instituciones democráticas, que comenzó justamente limitando la libertad de expresión. Figuras referenciales como Michelle Bachelet han expresado que, en ese caso latinoamericano, “El Gobierno ha tratado de imponer una hegemonía comunicacional, imponiendo su propia versión de los hechos y creando un ambiente que restringe los medios de comunicación independientes".

Desafortunadamente este dislate discursivo no me sorprende. Las filias políticas de la dirigente Polevnsky son claras. Su postura ante estos regímenes es apenas una breve introducción hacia su ideal totalitarista. Pero los ciudadanos responsables somos quienes no lo vamos ni lo podemos permitir. Un personaje político, por más encumbrado que sea su momento, no puede moldear pensamientos colectivos atentando contra distintas libertades. No hay quien tenga derecho a opinar sobre cómo queremos pensar, decir, hacer, ser, comentar y hablar. El desacuerdo enriquece a quienes no tienen miedo a la crítica y se acreditan como demócratas mediante la apertura y la tolerancia. Transitar en sentido contrario retrasa el reloj del progreso y divide a un México que no precisa de zanjas en el camino….  esta patria no se va a dejar.

+ Artículos

¿TENDREMOS MÁS HILO PARA LA COBIJA?
12 Noviembre 2019

Una expresión coloquial aplicada a la más alta sabiduría económica reza que el Presupuesto de Egresos de la Federación se asimila a una cobija, donde el...

¿Algo que celebrar en mi ciudad?
14 Octubre 2019

Estas líneas no son la catarsis que proviene del resentimiento. No es el manifiesto de rijosidad personal hacia alguien en particular, ni es letra encargada empapada en el lodo de la...

LA ALERTA PERMANENTE
07 Octubre 2019

El tiempo se agotó más rápido que lo pensable desde que el pasado 8 de abril, la Secretaría de Gobernación, a través de la Comisión  Nacional...