Educación: maestro y calidad

Educación: maestro y calidad

Educación: maestro y calidad

La reciente celebración del día del maestro hace oportuna la reflexión sobre las grandes tendencias que llevan los procesos educativos en México y en otras latitudes, sobre todo porque aquí enfrentamos fuerzas encontradas entre volver atrás y avanzar en su modernidad. La primera tendencia sintetizada es la defensa de los intereses gremiales que caracterizan las luchas de maestros en algunas regiones del país, y de los cuales se ocupan nuestros medios de comunicación un día sí y otro también; y la tendencia de los esfuerzos de instituciones y gobiernos que buscan la calidad y la competitividad y que, en todo caso, cobra menos atención pública.

Para ocuparnos del segundo tema y sumarnos a la celebración de los maestros, puede aventurarse la hipótesis de que la calidad de la educación, siendo multifactorial, depende sobre todo de la calidad profesional de los profesores. Aun cuando el concepto de calidad no es ejemplo de consenso de opiniones, algunas referencias internacionales que hoy pueden consultarse con toda facilidad, señalan que la calidad del maestro es el aspecto de mayor peso y que las otras variables terminan subordinadas a ésta. Discutible o no esta tesis, todos estamos de acuerdo en que la formación profesional y la actitud humana de compartir el conocimiento constituyen la fórmula infalible para mejorar el nivel educativo, sin ignorar a otras tal vez menos determinantes.

Ha sido ampliamente estudiado que el bienestar de un país depende sobre todo de la calidad de sus ciudadanos, de las habilidades y la creatividad en su fuerza de trabajo, así como de la capacidad de sus dirigentes para gobernar y manejar sus recursos, además de la posibilidad de formar a las futuras generaciones. Otros estudios revelan que la calidad educativa contribuye más  al crecimiento económico que los años de escolaridad, y que el nivel de ingreso promedio de un  egresado prácticamente se duplica al pasar de un nivel a otro.

También es un hecho conocido el que Finlandia sea uno de los países que más invierte en educación, con 7 por ciento de su producto interno bruto, pero que su sistema educativo no impone a los estudiantes la mayor carga horaria, tampoco que sus maestros encarguen las mayores tareas para que los alumnos las resuelvan en casa; más bien es un sistema que mantiene felices a los estudiantes y a sus maestros, pero que exige para ambos muy altos niveles. Se sabe que el profesorado tiene una formación extraordinaria, con un nivel de exigencia que no se compara a ningún otro en el mundo. Sólo ingresan al nivel superior los alumnos egresados del nivel que antecede con un promedio mayor a nueve sobre diez, y sólo reclutan al diez por ciento de los alumnos que aspiran a ingresar; y para ejercer la docencia, los profesores requieren tener un nivel académico de maestría. En Finlandia,  los reconocimientos no son necesariamente salariales o económicos sino sociales; resulta muy atractivo ser maestro en ese país porque es la profesión más valorada; es un honor reconocido y ponderado por la sociedad.

La oferta laboral de los próximos años se conformará por trabajos que aún no han sido creados, y para lo cual nuestros sistemas educativos deben desarrollar en los estudiantes nuevas habilidades y conocimientos, actitudes de alta responsabilidad, iniciativa, capacidad para la solución de problemas y desarrollar trabajo en equipo, así como también hacer sinergia con los principios de comunicación, colaboración y espíritu crítico.

Seguramente la demanda laboral alentará la creación de muchos trabajos no rutinarios y altamente calificados, pero prescindirá de aquellos rutinarios medianamente calificados, porque serán en breve tiempo reemplazados por dispositivos electrónicos y máquinas inteligentes, aunque paradójicamente pueda preservar algunos trabajos menos rutinarios y de baja calificación.

En este esquema global de macrotendencias, México enfrenta simultáneamente necesidades derivadas de la equidad y de la calidad; debe continuar elevando la cobertura, sobre todo en educación media y en superior, y al mismo tiempo mejorar la calidad para ser más competitivos internacionalmente, pero también para asegurarse un espacio en el mercado de trabajo. Si nuestras economías no generarán ya los niveles de empleo del pasado, los retos se tornan mayúsculos.

Seguramente el emprendedurismo, combinado con el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, podrán ser una alternativa. En este contexto, la calidad de los maestros seguirá siendo el punto central.

Columna publicada en El Sol de Puebla

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