Generación Diferente

GD_300Es un movimiento nacional de gente cuya cercanía a la gente no sólo se da en tiempos de elecciones; son quienes escuchan y sienten con entereza y real preocupación los planteamientos de quienes los demandan.

Son jóvenes o adultos que sirven y no se sirven, quienes son vehículo eficiente para canalizar la demanda ciudadana, quienes generan real empatía y actúan en consecuencia no por agigantarse ante otros y ensoberbecerse del aplauso. Veo en una generación diferente la manera más legítima de acceder al poder sin concebir al elector como un número, como un artefacto utilizable. He ahí el reto de la verdadera nueva política.

La política es un proyecto de vida que implica talento, gran empeño y trabajo diario. Pero entendiendo la política que dignifica, aquella que trastoca positivamente la vida de quien lo requiere, la que honradamente hace la diferencia en un político profesional.

Ya es momento de entender que si queremos relucir nuestro valor como patriotas, no equivoquemos el camino al buscar falsas motivaciones: una camioneta opulenta, un séquito de adulación o una carretilla de oro no crea el prestigio que trasciende.

Desde ahí podemos iniciar otra edificación.

De manera preocupante nos estamos acostumbrando como sociedad a una versión putrefacta de la política sana. Nos estamos equivocando al documentar el desinterés de los jóvenes en este camino.

La reorganización urgente de nuestro actuar excede incluso las fronteras de un partido político. Es una labor de responsabilidad el evitar que sigamos en el camino del odio acendrado y las visiones mezquinas, que lo único que han logrado es lacerar a la Patria misma desde lo más valioso que es el corazón de su gente, y que se traduce en un imaginario colectivo, que se sostiene en el ánimo de revancha y conformismo optando por “el menos peor”, en vez de ser, decididamente, parte de la solución comenzando por nosotros mismos, siendo agentes de cambio desde nuestra trinchera para poder exigir lo mismo de quienes pretenden gobernarnos.

He sido testigo de la fuerza y la capacidad de transformación positiva que tiene la juventud mexicana. Los sueños e ilusiones por hacer de esta una generación diferente son combustible para muchos. Lo sé porque los he visto de cerca en la Escuela Nacional de Cuadros. He creído y creo en ellos. No podemos consentir que el mal ejemplo de algunos que han tenido la responsabilidad de gobernar, dirigir o legislar bajo nuestro signo político, se vuelva carga para los jóvenes priistas que tanto esperan aportar.

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