La gran sacudida

La gran sacudida

La gran sacudida

¿Cómo cambiar sin simular? Cambiar desde la esencia, apegado al concepto hinduista del término sánscrito que se refiere al atman (alma espiritual). Cambio del agua de la vasija propia que nos define, “transmigrar” llenarse de un agua más pura y sin contaminación. Se dice por el creyente que la vasija a veces se tiene que romper con violencia ante la resistencia que genera la comodidad, que una “onda de luz” nos invade cuando nuestra vida y nuestra vasija ya no cumple un propósito mayor.

Es así que transmigrar en lo colectivo desde el descompuesto perfil de estereotipos negativos que como mexicanos nos han (o nos hemos) colgado, será una oportunidad ante los recientes sucesos. He constatado, al igual que millones, de la enorme capacidad para tomarnos del brazo como uno solo. He tenido a la vista la brutal necesidad que se satisface con el gesto más sencillo y honesto. He sido testigo de las jornadas interminables y los músculos que no responden más de quienes cargan cajas, escombros que absorben lamentos y llanto. Por igual, con lástima he constatado de las críticas dolosas e infundadas, de la destrucción sobre la destrucción, de la irresponsabilidad y desapego. Hoy como nunca mi patria tiene al alcance la ocasión de cambiarse el alma, reforzar lo que nos sirve y desechar lo que nos corroe.

Estimo que la clave de partida hacia hacernos invencibles es la corresponsabilidad. Concepto que entraña el cumplir con lustre lo que me toca, lo que en mi casillero de obligación personal y colectiva ayuda para edificar un buen mañana para todos. Ya no hay más obligaciones unilaterales ni soluciones a los problemas que no pasen por la acción de todos, lo cual no es ya solo deseable si no imprescindible.

Y encontramos un terreno de fertilidad inmedible. El bono demográfico que nos otorga la generación “Y”, los famosos llamados Milenials, ahora identificados como la generación 17,proponen una base de soporte a ese cambio sobre todo, cuando mucho se les ha achacado el no contar con un sentido de realización personal que sea a su vez provechoso para el país. El aprovechamiento de tecnología, el apego irregular a cadenas que los aten, el cuidado ambiental, el involucramiento desmedido en causas, son ahora un mapa con características que nos permiten cultivar en positivo hacia el futuro en estos ya activos actores. Es la oportunidad que estaba esperando toda una generación para contradecir por igual lo negativo que se les había endilgado.

Los jóvenes que ahora se unen a aquellos que buscamos una sociedad más participativa son el ariete de un promisorio horizonte. Se han dado los primeros pasos, la lección que nuestro país ha aprendido a través de la historia, nos muestra que lo más difícil es dejar de ser miopes ante la realidad, es necesario tomar decisiones y ejercer acciones para ajustarnos a nuevas circunstancias y a olas positivas de fraternidad y progreso colectivo como la que se vive. Es ocasión para volver camino común el pensamiento reflexivo y de construcción colectivo a largo plazo, no aflojemos el paso en consecuencia.

No solo serán los jóvenes pero sí tendrán una enorme oportunidad de proponer el cambio. Todos, absolutamente todos tenemos que abrir la vasija personal hacia la transmigración. Este es el punto de partida, debemos ser esa sociedad que con objetividad encuentre su correspondencia en esquema de progreso y el gobierno que administre y gestione con honradez y eficiencia. Queremos ser el México ejemplar en la realidad, porque en el aparentar a veces no nos ha costado trabajo el decir que lo somos.

¿Cuál México seremos en el futuro? ¿El que perdió la capacidad de canalizar la auto reflexión y terminó en la “memecracia” . ¿El de la falta de confianza en la autoridad… en la gente, en la selección nacional?¿El México que fusila en redes sociales el prestigio creando anti héroes admirados en Lords y Ladies?. ¿Ese país que justifica con una mano en la cintura la corrupción y la flojedad?. Yo quiero ser de esa Generación Diferente. Quiero ser ese país que hoy dibujan cientos de miles de patriotas que decidieron cambiar, que dinamitaron paradigmas y pusieron manos a la obra para exigir un viraje. Soy de aquellos que también gritan un “ya no más el México que solo sabe perder”.

En esta gran sacudida que rompió la vasija que contenía el agua ennegrecida de muchos, está un despertar violento hacia un porvenir construible. Como Regina,  la reina ancestral de los ahuehuetes y los montes en la novela de Antonio Velazco Piña, hoy el aire huele a cambio, a despertares de millones que con un puño en alto nos mandatan silencio para escuchar la voz clara y prodigiosa del México que aún tiene mucho por decir.

 

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