Los partidos políticos y su borroso horizonte

Los partidos políticos y su borroso horizonte

Los partidos políticos y su borroso horizonte

Desde la óptica del ciudadano, si un bien deja de funcionar se trata de reparar, si vuelve a fallar, lo tendemos a desechar. Es exactamente el mismo caso con los partidos políticos, que no es que dejen de funcionar, sino que, al menos en la percepción común, pierden la capacidad de dar respuesta a lo que la sociedad requiere, lo cual los hace cada vez menos atractivos y significativos para el público electoral.

En la búsqueda de los “por qué’s” y como un planteamiento hipotético, podría decirse que en los partidos no hay respuesta a los problemas del nuevo milenio, existiendo una desconexión total entre lo que hacen y lo que buscan.

Los partidos políticos son organizaciones sociales cuyo último fin es la transformación de la sociedad, pues conforme a sus cánones e ideologías integran una plataforma que sirve como ruta para una comunidad. Para lograr su último fin es vital ostentar el poder, un poder soberano que se obtiene desde los consensos de quienes en principio y en final deciden el destino de la comunidad, en ese entendido, el poder es solo un medio y el bienestar es el fin.

Así mismo, en una segunda afirmación se puede discernir que en un gran número de ciudadanos se percibe que los partidos como agrupaciones sociales están desconectados de lo que son, pues, desde la ideología hasta los partidarios, suelen perder la base por improvisar, denostar y deconstruir.

Como es por todos bien sabido, la base en la que se asientan estas plataformas políticas, es su militancia, quienes en su carácter de base plural y convergente, son –o deberían ser- un punto toral en las decisiones de la gerencia en turno, pues, si bien sus cúpulas están formadas por notables, no deben de despegarse del pulso de quienes no participan de manera directa en los rumbos de las instituciones.

Entonces, cuando los partidos pierden el pulso de las bases y la visión de su objetivo final, su sustento e identidad se destruye. Se pierde en consecuencia legitimidad y rumbo, y se procura una dirección que debería ser trazada por el sentir de los propios y los ajenos.

Como tercera afirmación es claro que muchos han estimado deficiente el timoneo de los líderes en turno, pues en el más reciente de los ejercicios en algunos casos han perdido el sentido de ubicación, pertenencia y sensibilidad al acuerdo, demostrando escasez al carecer de la suficiente madurez política requerida para no corromper el ejercicio del poder.

El constante golpeteo de visiones cortoplacistas, sacrifica la base ideológica por el sentido de competitividad electoral, haciendo caer a las plataformas políticas en un espiral desprestigio a todo lo que peca de no ser cuantitativo. Pues, si se deja de lado lo cualitativo, todas las anotaciones que en lo inmediato satisfacen el ego y levantan el brazo de los partidarios, degradan el actuar político de la promesa estadista a un asunto mercantil de cargo y abono, de codependencia que lograr un fin que desde origen está destinado al fracaso.

Como cuarta afirmación, es vitalmente trascendental para la vida nacional el rescatar el sano actuar de los partidos políticos, pensando en construir proyectos de solidez que mantengan la fortaleza futura de las instituciones. Pues si los partidos no salen de este espiral de desapego, desconexión y autoritarismo lo anterior abonará en gran medida en la pérdida de estabilidad de las sociedades modernas. Sociedades que dependen de la estabilidad para su catarsis hacia el desarrollo y la plenitud.

Y como quinta reflexión, las soluciones que la patria tanto necesita no están en la forma si no en el fondo, mucho muy lejos de lo oportunamente improvisado, pues si la satisfacción de las necesidades más sentidas de la población no se hace presente en los partidos políticos no llega, el destino no será muy lejano al exterminio de las fuerzas políticas tradicionales.

¡Se requieren tiros certeros que con agudeza partan desde la visión integral del proyecto hacia los problemas enquistados en nuestras sociedades!

Recapitulando, para que los partidos tradicionales no se extingan es necesaria una generación diferente que se ocupe del horizonte dejando la superficie de lado, pues solo así es como en la virtud de la política se le devolverá el carácter a las instituciones.

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